

Rebeca ha sufrido mucho con la muerte
súbita de Marco.
Le asusta enloquecer, teme abrir las infernales puertas de la depresión y por ello se
refugia en la escritura de su diario, el cuál escribe desde los 11 años.
Así, vaciando su corazón, a través de esas páginas, Rebeca se siente aliviada del horrendo peso de la culpabilidad. ¿Podría haber hecho más de lo que hizo?, eso es algo que nadie le podrá contestar jamás...
A continuación, te transcribimos las dos primeras páginas, escritas tras al fallecimiento del que fue, el amor de su vida.
[ - CARTA 1ª -]
Me gusta pensar que no te has marchado.
Me consuela imaginar que no me habrás visto llorarte como te he llorado, tu que siempre
reías, que a todos nos hacías tan feliz.
Ayer alguien me decía que eras un ángel y yo, ya sabes, no creo en ángeles, pero si
existiesen es cierto que serían como tu.
Me gusta pensar que no estabas allí. Seguramente estás sonriendo, como siempre, en
algún sitio muy lejos de todos nosotros y de nuestro horrible dolor.
Mi niño, tú me has hecho quien soy, y aunque el destino te haya arrancado de esta manera
de mis brazos quiero que sepas que, como una vez dije, ya no hay Marco y Rebeca, ni Rebeca
ni Marco. Seguimos siendo uno y solo uno. Te llevo conmigo allá donde voy.
Esta es mi carta final al amor de mi vida, a la cosa más dulce que nunca conocí. Ya no
temo a la muerte, porque se que me esperas. Un día te prometí: "siempre
juntos" y lo pienso cumplir. Como me decías con voz somnolienta algunas noches
cuando te despertabas y me abrazabas: "siempre, siempre, sieeempre juntos"
No quiero más dolor. Soy lo que queda de ti en este mundo y te juro que viviré como me
enseñaste a vivir: con alegría y disfrutando todo cada momento. Aunque ahora solo pueda
llorar y llorar y llorar. No me mires.
Mírame cuando ría...
El viernes se fue mi amor verdadero. Allá donde estés, te amo para siempre.
Te adoro, mi niño.
Rebeca.
[- CARTA 2ª -]
Querido Marco,
No tengo gran cosa que contarte, paso el día hablando contigo y supongo que sabes todo de
mí.
Tu marcha me dejó, primero, la incredulidad, después el dolor, tras el que vino la rabia
y ahora solo me queda soledad, soledad y mas soledad.
Soledad en las horas que debíamos pasar juntos y no pasaremos.
Soledad de ir al cine y que no me des la mano.
Soledad de meterme en la cama y no me abraces.
Soledad de cenar con amigos y no escuchar tus risas.
Soledad, soledad, soledad.
Te siento cerca y sin embargo no puedo besarte.
Te siento al lado pero no puedo hablarte.
Te noto mirarme, pero no puedo verte.
Y recuerdo tu boca, tu cara que nunca mas veré.
Ya no lloro, creo que mis lágrimas ahora se han agotado.
Y solo me queda soledad, soledad, soledad.
Y las sonrisas y los abrazos y los besos que aunque quizá no te enteres, te doy cada
minuto que pasa.
Esto no acaba aquí, cariño. Siempre pensé que lo nuestro sería para siempre y lo sigo
pensando.
Diferente, raro, pero para siempre. Mientras yo siga en este mundo incomprensible, tú
vienes conmigo. No te dejo escapar.
Desde mi espantosa soledad, te amo.
Rebeca
[- CARTA 3ª -]
No puedo sacármelo de la cabeza.
¿Por qué?
¿Por qué te ha pasado esto?, ¿Por qué nos ha pasado esto?... pero si nunca hiciste mal
a nadie.
No entiendo las razones por las que la casa que antes estaba llena de luz se haya llenado
de sombras.
De oscuridad. De dolor.
No entiendo como funciona este puto mundo.
Rebeca
[- CARTA 4ª -]
Dulce Marco,
No puedo evitar pensar en tus últimos minutos. ¿Que pasaría por tu mente en esos
momentos?
A mi me gusta pensar que tras haber pasado toda la tarde hablando con tus amigos, a
quienes adorabas, por teléfono y recibir mis regalos de la calle, se te llenó tanto tu
corazón de amor que no pudiste aguantarlo mas...y allí te quedaste, calladito, monisimo,
queriéndonos para siempre, siempre, siempre como decías tu.
Posiblemente moriste de amor, precioso.
Justo de lo que te sobraba, porque querías a todo y a todos y a todas.
Tus peluches, tus ordenadores, tus amigas, tus hermanos, tu mami, tus libros, tus CDs, tu
mayores, tus indigentes.
Todo era tuyo, tuyo, tuyo. Tuyo de amor y no de posesión.
Y a nosotros nos dejaste tristes y solos y los colores, los colores que tanto te gustaban
no son los mismos, pero yo siento que ahora somos más uno que nunca y que donde voy, tu
vienes. Y a quien miro, tú miras y lo que me gusta, te gusta. Porque es la única manera
que conozco de enfrentarme al terror de tu ausencia sin fin.
Me gustaría que mi vida futura fuese un regalo para ti. Dice Rocío que eras de colores y
yo creo que nadie te ha descrito tan bien. Eras puros colores. Mil veces me dijiste que a
ti solo te gustaban las cosas bonitas. Esos son los regalos que quiero darte. Mil cosas
bonitas y que todas se llamen Marco.
Te quiero mucho. Cuídate donde estés. Que yo no te supe cuidar lo suficiente para
mantenerte a mi lado.....
Rebeca
[- CARTA 5ª -]
Queridísimo Marco,
Lo más difícil de todo esto es darse cuenta de que el mundo sigue dando vueltas.
Hoy he entrado al Metro y he visto a la gente seguir adelante con sus cosas y me daban
ganas de ponerme a gritarles que esta vida ya no es la misma, que los colores son más
pálidos y que no me gusta que sonrían. Desde que tú te marchaste pensé que se paraba
el tiempo, pero resulta que solo se me ha parado a mi y a otros pocos.
Y mientras, yo, sigo aferrado a nuestros recuerdos, llorando cada mañana al venir a
trabajar, soñando con que una noche despierto y sigues a mi lado, siquiera por un
segundo. Pensando en si después de morir podré verte....y esperando que llegue ese
momento pronto si es que es así.
Y mientras tanto, mientras yo lloro, la vida sigue dando vueltas y vueltas, llevándome
con ella y alejándome poco a poco del tiempo que pasamos juntos.
Que triste estoy.
Rebeca
* Reproducidas con permiso del autor.